De la sutil diferencia entre ser y hacer

“Ser o no ser, esa es la cuestión…”, escribió William Shakespeare en su memorable Hamlet, allá por el 1600.

Varios siglos después, parece ser que saber o definir quienes somos, se encuentra entre los mayores desafíos que enfrentamos.

Observo que muchas personas encuentran esa dificultad al presentarse. Lo primero que dicen es el nombre, y luego la profesión, oficio, trabajo. Otros se definen por su estado civil o situación parental: “esposa de…” novio de…”, “madre de…”

Pero ¿responden estas cuestiones a la pregunta “quién soy”?

Llevando la cuestión al ámbito laboral, en numerosas ocasiones fui testigo de la desazón y la desorientación que significó para muchas personas la pérdida de un trabajo que realizaban hace mucho tiempo. Y aclaro que no soy insensible a lo difícil que esto puede resultar desde el punto de vista económico o de realización profesional.

Lo que me preocupa y me ocupa aquí, sin embargo, es que la alta identificación del ser con el hacer. En extremos, hay personas que no saben quienes son, o quienes ser, una vez perdida esa actividad laboral.

Cuando nos definimos por nuestra profesión u ocupación, se vuelven una referencia sobre quien somos y construimos nuestra identidad a partir de ese rol. Esta referencia se pierde ante la pérdida laboral, produciendo una sensación de vacío y desconcierto.

Por esto, además de muchas otras razones, es importante conocernos, descubrirnos, para poder diseñarnos y diseñar futuro para nosotros. Si solo “somos” por lo que “hacemos”, ese hacer condiciona y limita nuestra propia definición. La pregunta “quien soy” es una de las más ricas que podemos hacernos cada día. Respondernos con honestidad y prestar atención a las respuestas que nos damos es clave para conocernos bien y accionar mejor.

Somos muchos en cada uno. Somos nuestros roles y como los ejecutamos, somos la construcción de nuestro presente desde nuestro pasado, incluso antes de nacer. Somos también el futuro que nos atrevemos a diseñar cada día. Y sobre todo, somos libres de cambiar y de reinventarnos cada vez que haga falta. El auto-conocimiento nos permite hacer ajustes cuando hagan falta y reconducir nuestro camino si fuera necesario. No somos lo que hacemos. Somos quienes vamos construyendo día a día.

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