Hace casi diez años atrás, la multinacional en la que trabajaba le daba impulso a sus políticas de diversidad, y como parte de esas iniciativas, fui invitada a formar parte a una conferencia de mujeres líderes.
De lo trabajado en el evento, uno de los conceptos que más me impactó fue el del “piso pegajoso” que mencionó en su conferencia Rebecca Shambaung, CEO de Shambaugh Leadership, con vasta experiencia en coaching de mujeres líderes. Estaba familiarizada con el concepto de techo de cristal, la limitación oculta -que no se ve, pero existe- al ascenso de las mujeres en las organizaciones. Por contraposición, el piso pegajoso, representa metafóricamente a las cuestiones con las que las mujeres nos mantenemos, consciente o inconscientemente pegadas al piso, evitando subir la escalera corporativa.
A pesar del tiempo que pasó desde mi primer encuentro con el tema, muchas de las cuestiones que se trataron siguen vigentes. Entre ellas, de la que me quiero ocupar hoy: la relación del crecimiento profesional con el manejo de la red de relaciones, el “networking”.
Recuerdo en aquella ocasión escuchar por primera vez que los hombres en su trabajo arman sus redes en forma tanto intencional como no formal: desde partidos de fútbol y asados, hasta reuniones definidas estratégicamente: almuerzos, desayunos y muchos cafés. Las mujeres, mientras tanto, nos concentramos en hacer nuestro trabajo para demostrar “lo buenas que somos” y cuánto nos esforzamos mientras nuestros compañeros socializan.
En su libro “No es el techo de cristal, es el piso pegajoso”, (EEUU, 2008), Shambaugh nos invita a formar nuestro propio directorio, relacionándonos estratégicamente. Define relaciones estratégicas como aquellas que se construyen con un propósito y objetivo en mente. Una buena red de contactos puede ayudarnos a aprender, a influenciar a otros, a estar informadas, etc. Sin embargo, la mujeres tendemos a “meternos de cabeza” en el trabajo, subestimando la importancia de las relaciones y sentando las bases de nuestro progreso laboral casi exclusivamente en los resultados o performance.
Incluso en las redes sociales de índole profesional como LinkedIn ® se observa una participación menor de las mujeres en puestos de decisión. No solo hay menos cantidad, sino que sus perfiles están más desactualizados y su interacción es menor.
Lo que nos perdemos, mientras tanto, es el gran valor de la red de contactos. ¿Cuánta gente realmente está expuesta a la calidad de nuestro trabajo? Probablemente nuestros “stakeholders” directos: gerentes o jefes, colaboradores y colegas cercanos, pero ¿son esas las personas que nos llevarán adelante? No necesariamente…
En un artículo publicado en el blog de ESAN se destaca con respecto al networking que “hay mujeres que aún se sienten intimidadas por esta práctica. ¿Los motivos? No se sienten seguras en generar una conversación con personas que no conocen o lo ven como una venta.”(2020, Lima, Perú).
Por otra parte, Solange Grandjean, en el artículo que publicó en el blog de de la red WIM (septiembre 2021), señala que “es importante considerar que mantener una red de contactos exige dedicación y relaciones de mutuo intercambio. Las mujeres siempre fuimos buenas trabajando en red para ayudar a otras personas. En estos tiempos es fundamental crear redes para ayudarnos a crecer profesionalmente, y proveernos soporte para nosotras. Esto exige no sólo compromiso sino también inversión. Inversión de tiempo y de dinero.”
El networking intencional y estratégico es imprescindible para crecer tanto en el mundo corporativo como en el ecosistema emprendedor. Aquí algunas recomendaciones finales para hacerlo en forma eficiente:
- Antes de establecer un contacto o participar en un evento, es importante tener claro los objetivos. Por ejemplo, si buscamos un mentor, un socio estratégico o posibles clientes. Puede ser útil realizar un mapa de relaciones pensado no solo en el corto, sino también en el mediano y largo plazo.
- Saber qué puedo ofrecer. Todas las relaciones, estratégicas o no, se basan en el intercambio. Es importante ser conscientes de nuestras fortalezas y de dónde podemos aportar valor.
- Dedicarle tiempo. Pensar nuestra presentación personal, ¿cómo queremos que estas personas nos conozcan? Tener a mano un historial de logros relevantes puede ser útil a la hora de presentarnos. También es importante tener conocimiento sobre el sector, actividades y demás variables que nos permitan relacionarnos en forma positiva con nuestros interlocutores.
- Dar el primer paso: invitar el café, proponer el almuerzo, lo que más apropiado sea al tipo de relación y a los usos y costumbres de la empresa. Si la búsqueda es externa, comienza por elegir el espacio, asociación o grupo más conveniente para tus objetivos y participa activamente en eventos abiertos, preséntate a quienes lideran, y registra tanta información relevante como puedas sobre los participantes con los que interactúas.
- Siempre dejar en claro el propósito profesional de la reunión para evitar malos entendidos.
- Mantener actualizados los perfiles de tus redes sociales profesionales. Dedica un tiempo semanal a entrar e interactuar, enriqueciendo el intercambio con tus contactos
Ya se estableció que el networking requiere inversión de tiempo y, muchas veces, de dinero. Pero el retorno de esta inversión es muy valioso. Revisa tus relaciones, analiza tu red. Te invito a pensar si estás haciendo un uso optimizado de ella.


