¿Y dónde está el CEO?

Cuando la cabeza no muestra liderazgo, el cuerpo puede entrar en crisis.

Si sos de mi generación entenderás la referencia a la peli del piloto, y si sos mucho más jóven podría decirte que estamos hablando de esas veces en que “el CEO está en un cumple”.

A menudo los directores ejecutivos de las empresas más tradicionales, están tan acostumbrados a cierta forma de hacer las cosas, a la cultura arraigada en las organizaciones, que pierden de vista los cambios que se están produciendo tanto dentro de la empresa como afuera y pierden no solo autoridad, sino márgen de maniobra.

En otras ocasiones, son incapaces de impregnar en sus colaboradores una visión compartida, o de reflejar en sus dichos y acciones los valores que la empresa esgrime. Esto termina minando la motivación de los equipos y atentando contra los resultados de la empresa.

Algunos, por su parte, están tan absorbidos por sus ideas o metas que no tienen apertura a críticas o miradas diferentes y dirigen la organización a su natural fracaso, arrastrando a todos con ellos.

Los primeros en sufrir el estrés de trabajar con este tipo de directores son los ejecutivos de primera línea, la “mesa chica”. Cuando la cabeza no muestra liderazgo, el cuerpo puede entrar en crisis.

Pero yo no soy el CEO. ¿Qué hago?

Son los colaboradores los que notan, y sufren, la ausencia de liderazgo en la conducción. Entonces, ¿qué puedo hacer para crecer profesionalmente y lograr un alto desempeño “a pesar de” la ausencia del CEO?

  • Mantener la coherencia: sostener los valores. Trabajar con constancia haciendo coincidir lo que se vé con lo que es, lo que digo con lo que hago.
  • Prestar atención a mis colaboradores y sus necesidades. Trabajar en la motivación interna de mi equipo para que pueda seguir cumpliendo con las metas y que el impacto emocional sea lo más leve posible.
  • Salir del papel de víctima y empezar a protagonizar el movimiento que sea necesario. Si las decisiones no son tomadas por las personas que deben hacerlo, los líderes naturales surgen. Puedo quedarme en la queja, o puedo ser parte del progreso, ocupando los espacios que van quedando libres.
  • Desarrollar mis propias habilidades de liderazgo. Puede que al buscar esos espacios note que me faltan algunas competencias. Esta situación puede verse como una oportunidad para desarrollar competencias en la acción y sumar formas de aprendizaje y fortalecimiento de las mismas.
  • Chequear las estrategias y asegurarnos de que los pasos conduzcan a los resultados buscados. Es importante confirmar que estamos trabajando con una dirección clara, más aún si estamos bajo un liderazgo poco efectivo. Si es necesario indagar más para asegurarnos esta confirmación, vale la pena insistir.

¿Qué puedo sacar de esta situación?

Puedo obtener una oportunidad de crecimiento. Puede que sea dentro de la empresa, o fuera, pero en ambientes desafiantes, como es en el caso de un CEO que no ocupa cabalmente su rol, nuestras habilidades y red de contactos se potencian. Además, la exposición al ocupar lugares de mayor exigencia da a conocer a otros nuestras competencias. Es un momento para demostrar lo que somos capaces de hacer.

Y por último, los ejemplos negativos también muestran lo que no imitar, en quién no quiero convertirme y, por oposición, cómo puedo desarrollarme más como persona y como profesional.

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