Chau improvisación, hola liderazgo alineado

Improvisar puede confundirse con flexibilidad y adaptabilidad, dos características apreciadas en el liderazgo. 

Resolver rápido, adaptarse, reaccionar frente a lo inesperado es algo que se celebra en contextos dinámicos y aún más, en los inciertos como el actual.
El problema aparece cuando la adaptabilidad deja de ser una respuesta puntual y se transforma en improvisación a la horal de decidir.

Ahí es donde muchos líderes empiezan a sentirse cansados, abrumados a la hora de tomar decisiones o desconectados de lo que dicen que es importante para ellos y lo que efectivamente hacen.

 

Cuando decidir rápido no es lo mismo que decidir bien

Es común escuchar frases como: “decidí por intuición”.
Y aunque la intuición tiene valor, no siempre significa lo que creemos.

Daniel Kahneman, en su libro Thinking, Fast and Slow, explica que nuestro cerebro opera con dos sistemas:

  • Uno rápido, automático e intuitivo.
  • Otro más lento, analítico y deliberado.

 

La mayoría de las decisiones que llamamos “intuitivas” no son corazonadas espontáneas. Son micro decisiones que tomamos de forma inconsciente porque ya las tomamos antes… y funcionaron. Es experiencia acumulada actuando en piloto automático.

El problema no es usar ese sistema rápido. El riesgo aparece cuando el contexto cambió y no nos detenemos a hacer un análisis que nos permita entender bien este cambio.

 

Improvisar sin marco genera ruido

Cuando un líder decide sin un marco claro, cada situación se convierte en un nuevo dilema.
Se apagan incendios, se prioriza lo urgente, se responde a la presión del momento. Y sin darse cuenta, las decisiones empiezan a contradecirse entre sí.

  • Esto es falta de alineación entre visión, valores y decisión.
  • Lo que hoy se permite, mañana se cuestiona.
  • Lo que ayer era prioridad, hoy se posterga.

 

Y las consecuencias no son solo negativas para el negocio por lo inconsistente del camino, sino que esa inconsistencia es percibida por el equipo que no siente una dirección clara.

Con el tiempo, esto erosiona la confianza y la autoridad.

 

Valores y visión: el verdadero punto de partida

Dejar de improvisar no significa volverse rígido ni planificar cada detalle. Es decidir desde un punto de partida consciente sin que esto impida la agilidad en el márgen de maniobra.

Los valores y la visión no son frases lindas para un cuadro o una presentación. Son criterios de decisión (o deberían serlo). Funcionan como un filtro que ordena, simplifica y da coherencia.

Cuando una decisión está alineada con los valores, deja de ser un dilema personal y se convierte en una elección consistente.
Cuando responde a la visión, suma dirección, incluso en escenarios inciertos.

 

De la reacción a la intención

Un liderazgo basado solo en la reacción no es sostenible porque las estrategias pueden perder sentido. 

Un liderazgo que decide desde valores y visión gana claridad, foco y tranquilidad, además de fomentar el compromiso del equipo que acciona desde la calma.

Y acá no estoy proponiendo sobre pensar decisiones o quedarte en la parálisis por análisis, sino de pensar mejor,  salir del piloto automático y elegir con intención.

Así que te propongo revisar cómo estás liderando: si descubrís que la improvisación y la “intuición” se están convirtiendo en excusas para no reflexionar, analizar y alinear, es un buen momento para frenar y ajustar.

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