¿Cómo tomar decisiones?

Decidir es escoger entre dos o más alternativas, es tomar un camino al llegar a una encrucijada. Y muchas veces nos encontramos dando vueltas y procrastinando cuando llega el momento. 

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

Los motivos pueden ser variados, desde el perfeccionismo y la inseguridad hasta la presión externa, además de la obvia incertidumbre sobre los resultados que pueda originar esa decisión. Pero nos olvidamos que no decidir, también tiene consecuencias.

Al estado de rumiación a nivel de pensamiento que no llega a llevarse a la acción se lo conoce como “parálisis por análisis” que, además de impactar sobre la acción, también impacta en nuestra posibilidad de tomar decisiones. Tiene que ver con quedarnos en la teoría, no pasar a la práctica y posponer los planes.

Veamos algunos ejemplos:

  • Años en formación académicas que no llegan a concretarse en el ejercicio de la profesión.
  • Corregir en forma incesante el la hoja de vida o currículum vitae antes de aplicar a un trabajo.
  • Analizar durante un largo período la posibilidad de cambiar de carrera o de dedicarse a una nueva actividad.
  • Tener en mente la posibilidad de emprender como algo deseado que no se termina de concretar.

A continuación, te dejo algunas propuestas para salir de la parálisis por análisis y comenzar a tomar decisiones que te permitan avanzar.

Definir miedos en lugar de objetivos

La mayoría de las veces, lo que se interpone con el primer paso, son nuestros miedos. Para esto, te quiero compartir la propuesta de Tim Ferris en su charla TED “Por qué definir tus miedos en lugar de tus objetivos” :

Ferris propone un método que consiste en escribir, en tres páginas los siguientes pasos:

Página 1: Definición de los miedos que relaciono con la decisión.

  • ¿Qué es lo peor que podría pasar? Definí tu peor pesadilla, detallala bien y evaluala del 1 al 10.
  • ¿De qué manera podrías prevenir que suceda? ¿Qué acciones podrías tomar? No importa qué tan importantes parezcan, consideralas todas.
  • Si sucede, ¿qué podrías hacer para resolverlo? De nuevo, listá todas las acciones posibles.

Página 2: Beneficio de intentarlo.

  • ¿Cuál podría ser el beneficio de un intento o éxito parcial? Evaluá un beneficio positivo de 1 a 10

Página 3: Costo de la inacción

  • ¿Cuáles son los costos de la inacción? Claro que los tiene, de todo tipo. Y Ferris propone listarlos a todos: económicos, personales, emocionales, para nosotros mismos y para los demás. Propone que los expresemos, con todo detalle, tanto a corto, como a mediano y largo plazo.

Te propongo aplicar esta metodología y, si aún estás en duda, aquí te dejo una propuesta para hacerlo más simple aún.

¿Cómo podemos facilitar la toma de decisiones?

  • Dividir las grandes decisiones en partes pequeñas. Reflexionar en cada uno de los pasos puede resultar menos abrumador.  ¿Cuál es el primer paso que debo dar? Analizar la mejor forma de hacerlo.
  • Limitar los escenarios a analizar. Incluir los extremos y también los intermedios, pero reducir su cantidad, para acelerar el proceso.
  • Reducir las opciones: cuando el menú es muy grande, a veces no sabemos qué comer, ¿no?. Limitá las alternativas, al menos para empezar a descartar.
  • Poner una fecha límite: cuando no hay un vencimiento externo para tomar una decisión, una buena alternativa es que pongamos una fecha nosotros. 
  • Buscar ver desde otro punto de vista.¿Qué le dirías a un amigo que está en esa situación? Solemos ser mejores consejeros con otros que con nosotros mismos.
  • Pensar en las consecuencias de no decidir. 
  • Elegir la opción más razonable aunque parezca imperfecta. 

Recordemos que “bueno es mejor que perfecto”. Casi siempre los procesos se pueden mejorar en el camino. Y, de hecho, muy poco podrán perfeccionarse si no se ponen en práctica. 

No decidir es también una decisión y es clave evitar que la parálisis por análisis tome la decisión por nosotros.

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