Decidir o no decidir, esa es la cuestión. Pasamos gran parte de nuestro tiempo tomando decisiones y evaluando alternativas. Establecemos criterios y los cuestionamos. Decidir es un acto muchas veces cotidiano, y otras tantas, trascendental.
Pero nuestras decisiones, ¿nos afectan solo a nosotros? Sabemos que no.
Si bien cuando hablamos de “impacto ecológico” nos remite al medio ambiente y su cuidado, sea simplemente como personas con poder de decisión o como emprendedores, nuestro ambiente no es sólo el espacio físico o natural donde trabajamos, sino quienes nos rodean, tanto en forma personal como virtual.
Sea en lo personal como en lo laboral, nuestras decisiones tienen un impacto en nuestro entorno. Es por eso, que es clave analizar, entre los parámetros de decisión, como van a afectar a los “jugadores” que necesitamos cuidar en nuestro particular ecosistema.
Debemos considerar, por ejemplo:
- Relaciones personales: cómo puede afectar a nuestra familia o personas más cercanas.
- Ambiente laboral: cómo afecta a tu equipo, líderes, socios y otras áreas.
- Entorno de negocio: ¿qué va a cambiar para tus clientes o proveedores?
- ¿Cómo impactará tu movimiento en tu comunidad?
Es importante destacar el concepto amplio del término comunidad: la primera definición, según la Real Academia Española -sí, me gusta ir a la fuente- es “conjunto de personas de un barrio, villa, pueblo, ciudad, región o país”. Una segunda acepción se refiere a “un conjunto de personas que poseen características o intereses comunes”. Vemos entonces, que comunidad empieza por definirse en un sentido geográfico para luego extenderse mucho más allá. Hoy en día, debemos tener también en cuenta a nuestra “comunidad virtual” porque sí, también nuestras decisiones pueden afectarle y, en consecuencia, afectar nuestra reputación, nuestra interacción y el interés que ellos tengan en nuestro producto o servicio.
La propuesta es no evitar tomar decisiones sino analizar sus potenciales efectos en nuestro ecosistema.
Para eso es imprescindible tener clara la escala de valores y las prioridades con las que operamos, para tomar decisiones conscientes e informadas.
¿Qué va a cambiar mi decisión para quién? ¿Ese “qué” es importante o insignificante? ¿Ese “quien”, es un jugador clave en mi ecosistema? Una decisión “ecológica” es aquella que no causa un desequilibrio en mi ambiente que sea perjudicial.
¿Qué puedo hacer si necesito tomar una decisión que impactará seriamente a mi ambiente?
Si, una vez analizados todos estos pasos, concluyo que la decisión debe ser tomada pese a que su potencial impacto sea negativo para mi ecosistema, puedo tratar de minimizarlo con las siguientes estrategias:
- Analizar si “prorrateando” la decisión en el tiempo se puede minimizar o distribuir el efecto
- Alertar a los jugadores afectados para que puedan prepararse. Quizás lo que yo preveo como un gran impacto puede ser minimizado si ellos lo anticipan.
- Proponer/negociar alternativas a futuro que puedan “reparar” la situación.
Lo importante, en todo caso, es que nuestras decisiones nunca son aisladas y afectan mucho más que a los actores directamente involucrados. Hacé tu mapa, identificá a quienes componen tu ecosistema, clasificalos, ponderalos y no te olvides que tus decisiones los afectan. Tratá de que siempre sea de la forma más positiva posible.


